Agendas digitales en los países de la región: su rol para la universalización del acceso y el desarrollo

La confección de agendas digitales para encuadrar las politicas y programas sobre la sociedad de la información en los países latinoamericanos es muy reciente y está en pleno proceso de desarrollo y ejecución. Son 10 los países de la región que cuentan con agendas digitales en el orden nacional: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Paraguay, Perú yUruguay. Los paises del Caribe de habla inglesa crearon un sistema conjunto de “Monitoreo de la sociedad de la información en el Caribe” que marca planes y acciones. La primera agenda digital fue puesta en marcha por Chile en 2007, pero en general el resto de los países de este listado comenzaron a implementar su agenda digital entre el 2010 y el 2011.

Podría decirse que es muy pronto como para hacer una evaluación de los resultados de la implementación de estas agendas, pero bien pueden tenerse en cuenta consideraciones específicas y expectativas en torno a la puesta en marcha de las mismas como también considerar la perspectiva de las organizaciones sociales que están trabajando en sus propios países para la creación de agendas digitales que tengan en cuenta la opinión de la ciudadanía a la hora de programar y ejecutar los planes de acción.

“Al discutir una agenda digital lo importante es generar espacios de diálogo para articular resultados sólidos, más sustentables tanto en el propio país como en la región”, considera Carlos Horna Vallejos, funcionario de la Oficina Nacional de Gobierno Electrónico e Información (ONGEI), de Perú, y presidente del Grupo de Gobernanza de Internet del eLAC2015. “Lo importante para obtener buenos resultados en la gestión es involucrar a más sectores en las discusiones, acortando barreras, espacios y costos. La diversidad cultural en Perú, las distancias geográficas, los diferentes estilos de vida implican un seguimiento e inversión de tiempo y dedicación que no siempre son fáciles de lograr”, agrega.

Para Vallejos, el diálogo con las ONGs en el Perú permite constatar que falta tener proyectos más arraigados en los territorios locales, con mayor inserción en el lugar donde la gente vive y se desarrolla. Se hace importante recoger los insumos de la problemática, ver las situaciones y constatar las necesidades de la población. “No se puede trabajar con la visión sesgada de los funcionarios que estamos en Lima”, apunta. “También, cuando consideramos posibilidades de proyectos con la cooperación internacional es bueno poner la mirada en lo que ocurre localmente, porque en Perú hubo mucha inversión pero sin constatar los resultados que muchas veces se perdieron por falta de seguimiento”.

Con la puesta en marcha de la agenda digital en el Perú se están implementando la red dorsal de banda ancha, la conexión por fibra óptica y las conexiones móviles, pero Vallejos señala que la mayor limitación en su país es la falta de generación de capacidades no sólo en las áreas rurales sino en los mismos centros urbanos. “Es necesario generar espacios de formación, de creación de conciencia social, tecnológica y digital. Los nativos digitales están en todo el país y hay que darles los mecanismos y herramientas para que puedan desarrollar las capacidades que comienzan a tener con la poca práctica de TIC a la que pueden acceder en este momento”.

El funcionario de la ONGEI también considera que hay que formar instructores preparados para llegar a la población, con el f¡n de lograr una inserción real del uso de TIC con visión de desarrollo local. “La inclusión digital también pasa por respetar estos procesos de maduración, incluyendo los aspectos humanos y sociales y no sólo los avances técnicos”, afirma.

En Bolivia, donde todavía no se ha aprobado una agenda digital, el debate sobre el tema tiene en cuenta los aspectos humanos y sociales de la sociedad de la información. Eduardo Rojas, director de la Fundación Redes, considera que “si bien sigue habiendo más inversión en los planes y programas dedicados a la infraestructura, también comienza a correrse el eje hacia una visión de la tecnología como puente y no como fin en sí mismo, algo que desde la sociedad civil se señala asiduamente en Bolivia”.

Rojas apunta que hace menos de 10 años hablar de la sociedad de la información en su país era referirse a un feudo de unos pocos profesionales u organizaciones mientras que en la actualidad, a la luz de un mayor acceso a las TIC y como resultado del trabajo colaborativo, es posible establecer una legislación sobre sociedad de la información con un enfoque más social que tecnológico. Para ello considera que será importante generar políticas públicas en las que la inversión no esté focalizada sólo en la creación de infraestructura ni en las necesidades del mercado, sino principalmente en el desarrollo humano.

Una de las cuestiones cruciales en el desarrollo digital de Bolivia tiene que ver con la diversidad cultural que existe en este país. Bolivia reconoce a 36 naciones en su Constitución Nacional, todas ellas indígenas y originarias del territorio nacional. Esto implica también que en el país se hablan 36 idiomas reconocidos, con base en culturas y territorios locales. Ninguna de estas lenguas tiene escritura formal por lo cual se hace imposible la inclusión de idiomas nativos en la web siguiendo el paradigma de la lecto-escritura. Rojas señala que el desarrollo tecnológico da respuestas interesantes a esto y se hace necesario trabajar de manera interdisciplinaria y con procesos colectivos para consolidar una visión multilingüe que respete la identidad nativa, con todos sus derechos. “Tendremos que resolver cuestiones a partir de convenciones y acuerdos, como también de acercamiento a la cultura indígena. Hay mucho que aprender de la experiencia de otros países que tienen situaciones similares de diversidad cultural y racial”, agrega.

Amparo Arango, consultora de CIPAF en República Dominicana, recuerda que en 2005 las bases para iniciar las discusiones en torno a una agenda digital para su país parecían sentadas, pero por distintos factores el tema quedó rezagado y recién en 2012 comenzaron a discutirse nuevamente las políticas de TIC en el marco de una estrategia nacional de desarrollo.

“Es necesario que el Estado se articule con las universidades, con las organizaciones, con la sociedad civil para avanzar en este tema. Quizás una falencia de mi país es que la sociedad civil no es fuerte. Cuando comparamos con lo que ocurre en otros países de la región, donde la sociedad civil puede hacer lobby, organizarse, llevar propuestas y consolidarlas, vemos que es fundamental articularnos para lograr impacto, porque no se trata sólo del cierre de la brecha digital, sino también que la población pueda llevar adelante su agenda de derechos apropiándose de las TIC”, dice Arango.

Para las organizaciones sociales en República Dominicana hace falta mirar la brecha interna. Hay buenas conexiones hacia el exterior, pero existen problemas en la conectividad interprovincial que deben solucionarse como la estabilidad en las conexiones, el acceso a la banda ancha, la creación de contenidos y la relación directa de la población con la tecnología. Los desafíos son diversos, desde cómo conectarse y cómo acceder a mercados hasta cómo mejorar el nivel educativo de la población. La puesta en marcha de políticas públicas es fundamental, con mayor impacto y sinergias para contribuir al desarrollo humano, a la igualdad de oportunidades, la sostenibilidad generacional y ambiental. Arango sostiene que podría trabajarse con las municipalidades para crear territorios digitales, habilitando a cada municipio y provincia a planificar su propio desarrollo, con el fin de cerrar la brecha social que es alta en República Dominicana. “La tecnología debe estar al alcance de la gente para mejorar su calidad de vida”, afirma.

CIPAF está trabajando en la concreción de un proyecto sobre Género y Tecnología en la República Dominicana, con apoyo de ONU Mujeres. En este marco organizó una consulta nacional con grupos organizados de mujeres campesinas, profesionales, empresarias y municipalistas. Un ámbito importante para el desarrollo de las TIC son las redes de telecentros, donde las mujeres están muy activas demostrando que desde lo local las mujeres pueden involucrarse mejor en el uso y apropiación de las TIC para el desarrollo económico y comunitario. Los planes y estrategias para acceder a la conectividad y a la capacitación en TIC en los barrios y pequeñas poblaciones deberían ser una de las metas de las agendas digitales aún pendientes.

Acerca del autor: 

Dafne Sabanes Plou

Dafne es una comunicadora social, trabaja en el Programa de Derechos de las Mujeres de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones. Es consultora para el proyecto 25 años de la Sociedad de la Información en América Latina y el Caribe.