Participación ciudadana en la era de la sociedad de la información

Es indudable que el acceso y el uso de internet y otras tecnologías de información y comunicación (TIC) han promovido el intercambio de información y ha conducido a nuevos paradigmas de cooperación, colaboración e intercambio. Nadie cuestiona que la incorporación de internet y otras TIC en la gestión pública en el marco de estrategias de gobierno electrónico, ha resultado en un mejoramiento de la provisión de bienes y servicios públicos, y en el incremento de la calidad y eficiencia de los procesos administrativos. Sin embargo, cabe preguntarse si ese tipo de fenómenos han contribuido a cambiar y mejorar las formas de participación ciudadana en América Latina y el Caribe (ALC).

La participación ciudadana en línea puede ser abordada desde distintas perspectivas que se interrelacionan: la relación gobierno-ciudadanos/as, el ciberactivismo, la interacción social en línea como fenómeno cultural, entre otras.Las entradas son múltiples y distintos autores y analistas han dado cuenta de la temática a partir de diversos presupuestos. A continuación, se presentan unos brevísimos apuntes sobre dos de los aspectos más importantes relacionados con la participación ciudadana en la era de la información:

La relación gobierno-ciudadanos/as

Redefinir y ampliar la democracia en los países de la región, particularmente las formas de participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones sobre asuntos de interés público y en la recuperación de la esfera pública ha sido una de las prédicas más importantes de la incorporación de TIC en la gestión pública. La interrogante que prevalece, no obstante, es si la configuración del poder en las democracias latinoamericanas y caribeñas se ha modificado sustancialmente con la evolución de la agenda de TIC para el desarrollo y con el avance de las políticas de TIC en la última década. Varios expertos sostienen que la participación en línea es un reflejo de la participación democrática en el entorno fuera de línea y que es preciso asegurar mecanismos de participación e inclusión a ese nivel en primera instancia si se espera que las TIC contribuyan al ejercicio democrático. Otros plantean entusiastamente que el acceso y uso de las TIC abren un nuevo abanico de posibilidades participativas que, incluso en contextos con déficit democrático, facilitan la visibilización de las voces (que han sido deliberadamente silenciadas o soslayadas por los discursos y poderes dominantes) y la emergencia de nuevas prácticas de articulación y activismo social, político y cultural.

No hay una sola respuesta, más aún cuando analistas políticos de la región, adscritos a distintas tendencias ideológicas, afirman que en América Latina se vive actualmente la construcción de nuevos modelos de dominación cuyo rasgo común (si bien no inédito) es la injerencia del aparato público basada en la reinstitucionalización del Estado. Una de las característica más notables de esta situación es la captación, neutralización o eliminación de las formas autónomas de resistencia y organización social y política. Queda mucho por debatir si más allá de algunos casos (que pueden resultar aislados o coyunturales, como es el caso de procesos de consultas públicas en línea), las herramientas de participación basadas en TIC pueden sentar las bases para un nuevo tipo de relación entre gobiernos y ciudadanos/as que supere los modelos hegemónicos de la democracia representativa.

La reciente revolución social en los territorios árabes plantea nuevos referentes ya que tuvo un componente importante de organización, comunicación y sensibilización a través de redes sociales y otras herramientas digitales. Se podría pensar que la adopción masiva e innovadora de prácticas participativas apoyadas en internet y otras TIC puede constituirse en el germen de nuevas correlaciones de fuerzas sociales, de nuevas prácticas de interrelacionamiento de los actores y de nuevas configuraciones de poder.

En todo caso, conviene no perder de vista que la participación en línea (heterogénea en sí misma) no está desvinculada de las prácticas y contextos fuera de línea, y van de la mano de estrategias de acceso a la información, de transparencia y de rendición de cuentas. Conviene, además, seguir apostándole al potencial transformador de las TIC en la perspectiva de construir procesos equitativos e inclusivos de toma de decisiones. Queda por ver si las iniciativas de gobierno abierto que están surgiendo en la región apuntan en esa línea.

El ciberactivismo

El activismo social, político y cultural tiene una historia vasta y rica en ALC. En la región, las luchas de resistencia y contestación al poder han estado pobladas por una variedad de fuerzas progresistas, entre las que se cuentan los movimientos sociales y de grupos populares, campesinos, comunitarios, urbano-marginales, estudiantiles, obreros, culturales, artísticos, feministas e indígenas. Estos movimientos, de manera colectiva, han propugnado por transformaciones en las esferas políticas, económicas, sociales y culturales de las sociedades a partir de propuestas y proyectos políticos propios. A principios de los 80, algunas organizaciones de la sociedad civil empezaron a apoyarse en el uso y potencial de las TIC para crear y fortalecer sus redes y mejorar su comunicación. Sin embargo, no es claro si dichos movimientos y grupos han adoptado el uso de las TIC para consolidar sus proyectos de acción transformadora.

Adicionalmente, el carácter colectivo de esas acciones promovidas por décadas por los actores sociales de la región, dejó de ser el rasgo más destacable. Con el incremento de la penetración del uso de internet y otras TIC, como la telefonía celular, se ha inaugurado también la posibilidad de que individuos se sumen espontáneamente alrededor de la promoción y defensa de una causa o con un fin específico. La región no escapa a ello. Hay innumerables ejemplos de acción social y política masiva en ALC que han tenido resultados efectivos y logrado cambios importantes. Sin embargo, el ejercicio impugnador, al parecer, no logra sostenerse en el tiempo ni producir cambios estructurales (en términos simbólicos y materiales) sustanciales que desestabilicen el status quo.

cyberactivismEn 'Ciberactivismo: ¿Utopía o posibilidad de resistencia y transformación en la era de la sociedad desinformada de la información?' encontramos una cita valiosa: “Sobre la base de las estructuras, mecanismos y dispositivos de poder, en los usos, las recepciones, las apropiaciones del internet y otras TIC, se configuran posibilidades significativas y existenciales alternativas, que si bien no han avanzado aún a formas de emancipación, sí han producido acciones contra-hegemónicas. En ese sentido, puede no resultar aventurado señalar que el acceso universal a internet contribuye no solo a la producción de imaginarios y representaciones alternativas sobre la realidad sino también a la generación de nuevas formas organizativas de lucha político-social”. No obstante, no basta con proyectar discursivamente otras realidades ni argumentar sobre la base de los sentidos políticos del ciberactivismo.

Es necesario encontrar las maneras de poner al ciberactivismo en función de transformaciones estructurales profundas y sostenibles política, económica, social y culturalmente, para que se concreten en condiciones materiales y simbólicas más justas y equitativas en las esferas nacionales y que vayan más allá de la globalización de las luchas sociales. Experiencias como El quinto poder, No le temas al internet, Dominemos la tecnología, Marco Civil de Internet de Brasil, entre otras, pueden arrojar algunas luces al respecto.

Acerca del autor: 

Valeria Betancourt

Valeria es la coordinadora del Programa de Políticas de Información para América Latina (CIPP, por sus siglas en inglés), de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC) y es consultora para el proyecto 25 años de la Sociedad de la Información en América Latina y el Caribe.